miércoles, 26 de diciembre de 2007

La noche se está comiendo a mi madre


La noche que no soy
Ha intentado abrir los ojos.
Se fue cayendo en mi cuello
Con un traje de espinas,
Ferozmente cercada,
Los muertos le hablan.
Habría que recorrer moribunda
los sepulcros
[para juntar todos mis huesos]
pero querías sepultar a paladas la raiz.
Reconozco la desgracia,
Porque soy quien se cierra el oxigeno
[en el rostro
Que asesinada voy cayendo contra un espejo,
Porque este desaparecer es nada,
Ni una flor, ni un canser, ni un grito,
Esto ha sido siempre,
El llanto de los locos apuñalando
[mi respiración,
Pequeñas hojas
Suavemente trizadas con la gillete
[del infierno,
Roja sangre/ Rota sangre.
¿qué haré en mi
cuando tu sangre llame otra vez?



Maria Victoria Dentice, Los años Vendados, ediciones Baobab 2006.

domingo, 16 de diciembre de 2007


¿Quién olvida? Yo no. Yo amo.
Yo persigo flores para el ausente
yo sangro o golpeo mi cara en la cara herida de la medianoche,
Yo anudo o desvalijo tu vientre en mis mejillas
Yo ato viejos con pedazos de niño en mi corazón. Yo mato.
¿Quién me olvida?



Maria Victoria Dentice, Los años Vendados, ediciones Baobab 2006.

Invierno. Casa de Muñecas.

Te Juré no llorar pero es invierno otra vez
aunque este no sea el invierno que conociste
porque este invierno no te mata
y el otro invierno te mató de muertes.
En épocas de silencios, no acabará
la historia del desgarrarte
Aprende/ aprende a amar/
A desprender los cuervos de tu sangre
aún sin memorias aprende a no mendigar
el poema del cielo
mejor llora haz un parto en vertical
armando una resistencia que te resista
Aunque el miedo ya no te exista Victoria.

Llora tu sombra en voz baja
Llora adelanta los pasos a los pasos del poema
cada vez más cerca de llegar al alambrado
Si cantas canta la melodía de púas
Pero no la cara de un viejo mounstruo
Porque sólo vos sabes como duele esa melodía
De juventudes amanecidas y llanto
Sólo vos lloras como loca en un vientre vacío
/vengo vengo a reparar tu corazón y tengo miedo/
cada vez más cerca de los destinos
en agonía las púas que se levantan van a cortar
Sola estas detrás de la alambrada de púas
Sola adelante de la alambrada de púas
Sólo detrás de la alambrada de púas
aprenderás a decir tu nombre,
aprenderán a olvidar tu canción.



Maria Victoria Dentice, Los años Vendados, ediciones Baobab 2006.
La noche ha crecido,
La noche ha muerto
Extiende sus cuchillos con seda hacia abajo
Donde el mundo es palabra es ausencia.



Maria Victoria Dentice, Los años Vendados, ediciones Baobab 2006.

viernes, 23 de noviembre de 2007

La Maga


La maga

Intento masturbarme,
estoy paralizada y sin orgasmos.
Pequeño cataplasma mi piel,
paralizada como una poesía.
Estoy entre hojas que no caminan
estúpidas y enfermas,
no son como su madre, la maga,
las fustiga y las une.
Estamos parados sobre un poema
transgreden las palabras los oídos
pero tú, ya has transgredido otras cosas
te acarician toda y no acabas.
Estamos parados
sobre el cáliz de los deseos,
el placer está girando en un dedo,
casi en el aire y sin caer.


Del libro, aún inédito, Agua.

Frío


He visto mis ojos cruzar la tierra
para buscar al niño que devora mi memoria.
Un niño que en sus alas lleva
pedazos de hombre
y un nombre que jamás dirán los pájaros.

Dejé caer mis manos en la niebla.


Del libro inédito Agua.

Agua

Agua

La noche halló mis alas rotas.
Mis clarividentes alas sin luz
Clavadas al piso.

Me oscurecí de presentimientos.
Me herí de presencias.
Bebí mi sangre hasta volverla personas.
La luz se ha ido de mí,
pétalos y sangre para mi corona,
sólo me quedan las promesas
de un reino muerto,
tus ojos llenos de destinos.
La eternidad sin ojos.

Talasemia


Talasemia o Anemia Mediterránea

Ya no soy joven.

Ya no acuso a mi soledad
ni desprendo ecos de sus rasgos.
Se ha estancado mi sangre
en el ojo de un sauce
contra el cauce de un río
que de memorias fue herido al nacer.

Me han desterrado el cuerpo.
Me han destronado
de mi la esperanza,
Tan lejos he quedado.

Mi corazón no sabe.


Del libro inédito Agua.

Solsticio


Solsticio

Tenía veinte años y aguardaba
con el cuchillo de cocina
bajo la almohada.
Tenía veinte años
todos los muertos de mi corazón
también tenían veinte años
y
no podíamos dormir.
Tampoco dormía el asesino
que nos salvaría.


Del libro inédito Agua.

Nostalgia


NOSTALGIA

La muerte atraviesa con manos a la que fui.
La sangre me lleva sin manos la juventud perdida.
La muerte atraviesa en lenguajes a la que fui,
Ya no le alcanzan sus manos para suicidarme esta noche.
Yo hablo con palabras que conocen la muerte.
Yo hablo de mí y de la muerte llevándome en un carro de oro.


De Los Años Vendados, María Victoria Dentice, Ediciones Baobab 2006.

Los niños vendados



LOS NIÑOS VENDADOS

Yo huí en la noche, en una escalera para salir al otro lado de mí (que es igual que decir la noche) pero me daba miedo saber que estamos solos y fallecidos en cualquier noche. En esta noche. Por eso volví arrastrando la vulva por las olas.
Y un payaso incendió la playa donde yo volvía, llevando su manojo de globos como huesos, y yo vi las manos de la muerte parirme extraña otra vez. Fue esa noche en la que suicide mis entrañas, el funeral de mi vientre roto, y yo lloré, nos lloré de pie, con una insolente orfandad de fuego, y ardieron mis muñecas como dientes o dedos, y no hubo mas niños para llorar ni romper… y saludaste al bebe que nunca hiciste que de mi vientre salió repartido en pedazos.



De los Años Vendados, María Victoria Dentice, ediciones Baobab 2006.

El cráneo Azul


EL CRÁNEO AZUL[1]

Mis manos crean su oscuridad,
El compás de miedo en los pasos
Se comían las calles y a la gente
Eran gigantes de oro.

Cuando yo vivía en Cluj un día los vimos venir
[Desde el sanatorio del doctorcito Lengyel]
Tomando lirios y cianuro por la boca,
Pasó que de repente se los aniquilaron a todos,
Mi Alemania tenía más cadáveres que una sopa.
Fue entonces cuando lo conocí a el
Mein Kampf, el ario puro
Que se llevo la cruz a la boca y
Escribió al lado de mi nombre: Solución final.

Un día lo vi venir
Con los brazos cargando mis quintillizos
Yo me parecía a el
Quería quedar limpia de esas cosas,
del imperio eutanásico de las manos secas.
Hacia invierno y todo aquello fue una caza
/nostra maxima culpa/
Un terror un inmundo mapa ordenado
Bordando el espacio muerto.

Había bebes,
Ardían como pollos en las habitaciones,
“Siéntense, rómpanse, suicídense sobre mis pies”-decía-
-I am scared.
-What if I kill you?
-What if I kill myself?
-I will kill you again.
-Herr Doktor, I am scared.

Los cadáveres enteros para devorar,
Mis huesos dormidos en el Cyclon de Auschwitz.
[1] Este poema fue de escritura automática. No tengo certeza de si existe un lugar llamado así, pero si hubo una mujer, de quien no se su nombre, que quería dar a conocer su historia. Ella me pidió escribir lo sucedido. Luego lo termino en “el llamamiento al hueso”.